ICOFORT y la revalorización de las fortificaciones del Caribe

Milagros Flores Román, Presidenta del ICOFORT.


Resumen

Este ensayo pretende abordar la complejidad del Caribe fortificado desde sus contextos geográficos y culturales. Expone su diversidad cultural cuyo origen se remonta a la lucha de las grandes naciones europeas por mantener el control de la región. Como resultado de ello existe en la actualidad un excepcional patrimonio fortificado, el cual requiere ser salvaguardado y revalorizado. Se hace una llamado para continuar las investigaciones históricas necesarias para una efectiva interpretación, puesta en valor, conservación y protección del Caribe fortificado.

Palabras clave Fortificaciones; Caribe; Bautista Antonelli; ICOFORT; ICOMOS


Abstract

This article addresses the complexity of Caribbean fortifications on the basis of geographical and cultural considerations. It discusses their cultural diversity which dates back to the struggle of the great European nations for control of the region. As a result of this, today there is a remarkable body of fortified patrimony, which needs to be safeguarded and revaluated. A call is made for ongoing historical research necessary for the effective interpretation, reassessment, preservation, and protection of fortified patrimony in the Caribbean.

Keywords: Fortifications; Caribbean; Bautista Antonelli; ICOFORT; ICOMOS


El Comité Científico Internacional sobre Fortificaciones y Patrimonio Militar (ICOFORT)[1] es uno de los 27 comités científicos[2] establecidos bajo el Consejo Internacional de Monumentos y Sitios (ICOMOS).[3]

ICOMOS es una organización a nivel mundial no gubernamental asociada a la UNESCO.[4] Su misión es promover la conservación, protección, uso y mejora de monumentos, complejos de edificios y sitios. Participa en el desarrollo de la doctrina, la evolución y distribución de ideas. ICOMOS es el Consejo Consultivo del Comité del Patrimonio Mundial para la Implementación de la Convención del Patrimonio Mundial de la UNESCO. Como tal, revisa las nominaciones de patrimonio mundial cultural de la humanidad y asegura el estado de conservación de los bienes.

Es una red de expertos que se beneficia del intercambio interdisciplinario de sus miembros, entre los que se encuentran arquitectos, historiadores, arqueólogos, historiadores del arte, geógrafos, antropólogos, ingenieros y urbanistas. Fue fundado en 1965 en Polonia, tras la elaboración de la Carta Internacional sobre la Conservación y Restauración de los Monumentos y los Sitios Histórico-Artísticos, conocida como "Carta de Venecia", y es la única organización internacional no gubernamental que tiene como cometido promover la teoría, la metodología y la tecnología aplicada a la conservación, protección, realce y apreciación de los monumentos, los conjuntos y sitios históricos.

El ICOFORT, al igual que los demás comités científicos, tiene como propósito fundamental apoyar al ICOMOS en su rol de consejero técnico de la UNESCO, especialmente para la elaboración de la Lista del Patrimonio Mundial y el seguimiento de los bienes inscritos en la misma. Cada comité científico internacional se rige bajo una temática específica.

El ICOFORT cuenta con una membresía en la cual se encuentran representados un total de 40 países.[5] La misión del ICOFORT incluye el estudio de diferentes objetivos relacionados con las fortificaciones históricas y el patrimonio militar, tales como: promover el conocimiento de las fortificaciones, paisajes y monumentos de carácter militar; incluyendo sus valores históricos, arquitectónicos, artísticos, científicos e intangibles; fomentar la conservación y el mantenimiento de las fortificaciones, paisajes y monumentos incluyendo objetos y lugares relacionados con el patrimonio militar; estar disponible para ayudar al ICOMOS a desempeñar su papel como asesor de la UNESCO sobre Patrimonio de la Humanidad; llevar a cabo estudios especializados y promover la aplicación de la experiencia profesional en los problemas de conservación de las fortificaciones y el patrimonio militar, y por último, impulsar la cooperación internacional para la identificación, protección y preservación de las fortificaciones, paisajes y monumentos de carácter militar.

Durante sus diez años de existencia, el ICOFORT ha sido responsable de misiones de evaluación a nivel mundial para la Lista de Patrimonio Mundial de la UNESCO en todos los continentes en misiones de evaluación de la Lista de Patrimonio en Peligro de la World Monuments Funds, en misiones de evaluación para fondos del Global Heritage Funds y también ha participado en misiones técnicas y de temáticas especiales tanto del ICOMOS como de iniciativa propia de parte del Comité del ICOFORT.[6]

El rol principal de los expertos del icofort es ofrecer asesoría en las áreas de investigación, conservación, interpretación, manejo y reutilización del patrimonio fortificado, salvaguardando el análisis de los atributos fundamentales de valor universal que son: autenticidad, integridad, protección y gestión.

El análisis de estos atributos fundamentales envuelve no solamente el estado de conservación de la fortificación sino también los esfuerzos encaminados a comprender el patrimonio cultural, a conocer su historia y significado, a garantizar su salvaguarda material, su preservación, recuperación y reutilización. El proceso también toma en consideración otros aspectos importantes como son: protección legal, gestión del plan de la propiedad y la gestión orientada al impacto de las zonas de amortiguamiento, y turismo.

El proceso de análisis del patrimonio fortificado muchas veces refleja un patrimonio que fuera de su contexto histórico tiene que sobrevivir agresiones no acordes con sus atributos; agresiones de infraestructura modernas para las cuales no fue concebido, ausencia de plan de turismo sustentable, ausencia de monitoreo y seguimiento del exceso de visitación, falta de interpretación adecuada, son sólo algunos de los elementos que hoy en día permiten su deterioro. También debemos incluir, dentro de la lista de agresiones, las interpretaciones desacertadas que en muchos casos atentan contra uno de sus más preciados atributos: su integridad.

Resulta vital mantener en mente que al intentar rescatar estas estructuras es importante no perder la perspectiva que —como parte integral del proceso de rescate tangible o material— también hay que rescatar su historia, y esa historia se documenta tanto por medio de la documentación escrita como de tradición oral.

Interpretar efectivamente un patrimonio es el resultado de conocer su significado, de ejercer la acción responsable de documentar lo que éste representa y significa, ello puede conseguirse por medio de la historia. Significa tener claro por qué y quiénes lo concibieron, su uso, su construcción, su historia. Sin esta información primaria se reduce la probabilidad de acertar en una interpretación justa y apropiada de su significado. Por tanto, la documentación se convierte en una herramienta que nos permitirá ser más acertados en el rescate, interpretación, puesta en valor y manejo de las fortificaciones si queremos ser efectivos en dirigir su recuperación, reutilización y manejo de las fortificaciones antiguas y darle su significado en nuestro mundo actual. Tras ese primer paso decisivo, entonces estaremos en posición de ejercer una acertada puesta en valor e interpretación del monumento. Una interpretación efectiva se convierte entonces en un medio para proteger y mantener esos atributos universales de integridad, autenticidad, protección y gestión.

Una buena práctica de protección y conservación del patrimonio fortificado, que muchas veces subestimamos en su alcance, consiste en establecer un programa de investigación histórica continua que sirva de base para una buena práctica de salvaguardar la integridad y autenticidad del sitio. Por ejemplo, el apoyo a la investigación arqueológica, la investigación etnográfica, la investigación histórica y la investigación de historia oral permitirán colocar el sitio dentro de un marco histórico e identificar sus características, incluyendo su entorno o paisajismo histórico.

Un elemento común de las fortificaciones es que son producto de siglos de evolución y, por ende, como parte de su evolución incluyen el contacto con comunidades y civilizaciones. La investigación histórica permite adentrarnos en las relaciones entre las fortificaciones y sus comunidades y así conocer, entender e interpretar su uso y significado en el contexto de su pasado histórico. Nos permite conocer los diferentes materiales de construcción utilizados a lo largo del tiempo para diferentes campañas de construcción, lo cual es necesario para comprender las condiciones actuales de las fortificaciones y para evaluar la durabilidad de los materiales utilizados, conocimiento necesario para la formulación de recomendaciones de conservación. La composición, la forma de fabricación, las herramientas de acabado y el método utilizado para impartir el color son todos factores importantes que tienen que ser conocidos o determinados antes de cualquier intervención. La investigación histórica y científica son las herramientas que nos proporcionan los datos constructivos que necesitamos para la preservación y conservación del patrimonio fortificado.

El ICOFORT considera vital la investigación histórica y científica para salvaguardar los atributos de valor universal patrimonial. Y es dentro del área de investigación histórica donde recae un importante proyecto en el cual miembros del ICOFORT han trabajado de manera diligente. Se trata del proyecto Los Antonelli y el Caribe fortificado; el cual se presentó oficialmente en la reunión anual del ICOFORT 2013 en La Habana, Cuba, y recibió el aval de los miembros.

Este proyecto propone presentar una nueva visión del valor universal de las fortificaciones coloniales españolas del siglo XVI como el primer sistema defensivo del Caribe diseñado por Bautista Antonelli y posterior legado de la familia Antonelli al mundo. A partir de la figura del capitán Bautista Antonelli, "Ingeniero Militar de los Reyes Don Felipe Segundo y Tercero",[7] y su rol protagónico en las fortificaciones coloniales del Caribe español, responde al propósito de organizar y alentar la promoción e intercambio de ideas, conocimiento, experiencia y los resultados en torno a esta importante figura respecto al patrimonio fortificado del Caribe. Con ello se busca contribuir a la identificación y adopción de un programa científico del ICOMOS para la preservación de las fortificaciones históricas y del patrimonio militar que reflejen las necesidades regionales, mundiales y de la UNESCO para salvaguardar el patrimonio fortificado.

La tarea del ICOFORT ha sido ardua debido a que la región del Caribe es un área compleja, tanto desde el punto de vista geográfico como desde el punto de vista cultural. Primero, el principal protagonista de la región es el mar que le da nombre, Caribe, como elemento geográfico unificador, y que además resulta ser el segundo más grande del mundo. Segundo, porque el mar Caribe da asiento a una gran diversidad de culturas a las cual debemos un rico y variado legado patrimonial.

La región del Caribe la componen más de 700 cadenas de islas, islotes, arrecifes y cayos que se extienden desde la Florida hasta la isla de Trinidad en la costa norte de América del Sur. Esas islas son conocidas como las Antillas Mayores, que incluyen las islas de Cuba, Jamaica, La Española (hoy Haití y República Dominicana) y Puerto Rico. Y otro grupo numeroso de pequeñas islas conocidas como las Antillas Menores, entre las que se encuentran las Islas Vírgenes estadounidenses de St.Thomas, St. John y St. Croix; las Islas Vírgenes británicas de Virgen Gorda y Tórtola; las islas de Anguila, St. Martin, St. Kitts y Nevis, Antigua y Barbuda, Guadalupe, Dominica, Martinica, St. Lucia, St. Vincent, Grenada, Barbados, Trinidad y Tobago, entre otras más pequeñas.[8]

El mar Caribe era un cuerpo de agua desconocido para Europa y Asia hasta 1492, cuando Cristóbal Colón lo navegó por primera vez tratando de encontrar una ruta a la India. Después del descubrimiento de sus islas, el área fue rápidamente colonizada por la civilización occidental.

El origen del Patrimonio Fortificado del Caribe data de los comienzos del descubrimiento, conquista y colonización del Nuevo Mundo. España se vio en la necesidad de asegurar la defensa y retención de sus nuevas posesiones ante sus rivales europeos: Inglaterra, Francia y Holanda y Portugal. Para ello se dio a la tarea de fortificar aquellos puertos estratégicos con el propósito de brindar protección a sus flotas que venían cargadas con riquezas procedentes de los territorios americanos, y con ello evitar que cayeran bajo el dominio del enemigo, lo cual significaría la interrupción del tráfico marítimo de España con América, el paro de sus empresas en el continente europeo y, como consecuencia, el colapso comercial de la metrópoli española. Convirtiendo así a las fortificaciones del Caribe en aliados esenciales para la defensa y gobierno de los territorios españoles en esa región.

La presencia de los enemigos de España en el Caribe añadió una nueva dimensión a los problemas defensivos de España. Los continuos asechos a las costas españolas en el extranjero representaban un desafío permanente. Como medida de protección a sus territorios en el Nuevo Mundo, el rey Felipe II respondió a estas amenazas enviado a dos expertos a las Antillas españolas para planificar las defensas necesarias para preservar el Estado en el extranjero.

Durante el siglo XVI, España utilizó a las Antillas Mayores como base en sus intentos de exploración, colonización y explotación de los recursos del Nuevo Mundo, en especial los de México, América Central y del Sur. Para 1535, con la conquista de Perú y México, los barcos españoles hacían la travesía a Europa cargados de oro, plata y joyas.

A pesar del intento de proteger sus territorios en el Nuevo Mundo, España declaró que el mar Caribe era un mare clausum, un mar cerrado, lo cual significaba que todo el comercio tenía que ser transportado en barcos españoles y los buques extranjeros estaban sujetos a que se les confiscara su carga. No tardó la historia en demostrar lo falso del aserto, y que España no podía controlar el mar Caribe ni sus territorios en el Nuevo Mundo.

Para proteger las flotas de tesoros y sus nuevos descubrimientos de los piratas —y de sus enemigos tradicionales, como los ingleses, los holandeses, los franceses y los portugueses—, España estableció un sistema de escolta que obligaba a casi todos los barcos que comerciaban en América a viajar bajo la protección de barcos armados. También comenzó a edificar fortificaciones permanentes en sus puertos clave, a lo largo de las rutas mercantes del golfo de México y del mar Caribe.

Así vemos cómo España se convirtió en la primera protagonista en la defensa del Nuevo Mundo. El primero de esos escenarios fortificados se construyó como respuesta a la continua amenaza de ataque a los puertos españoles del Caribe, lo que hizo reaccionar al rey Felipe II en defensa de sus nuevos dominios de Ultramar.

Por orden del rey Felipe II, el Consejo de Indias nombró a dos expertos para diseñar el Plan para la Defensa del Caribe: el ingeniero italiano Bautista Antonelli[9] y el mariscal de campo Juan de Tejeda.

Antonelli y Tejeda partieron desde el puerto de Sanlúcar de Barrameda, en Cádiz, y llegaron al Caribe en 1586. Inspeccionaron todos los puertos importantes de las Antillas y costa del mar Caribe. El plan que finalmente se rindió al rey propuso fortificar los puertos que consideraron clave en la defensa del Caribe. Éstos incluían a San Juan, Puerto Rico, Santo Domingo, en La Española; Santa Marta y Cartagena de Indias en Colombia; Nombre de Dios, Portobelo, el río Chagres y Ciudad de Panamá en Panamá; La Habana en Cuba y San Agustín en la Florida. El plan quedó autorizado para su ejecución por Felipe II en noviembre de 1588, al considerarlo indispensable para la defensa y el gobierno de los territorios de España a través

del Atlántico. Con ellos, España introdujo en sus dominios de ultramar el legado de su ingeniería militar peninsular; es decir, la tipología del modelo italiano de baluarte, foso y contraescarpa, con muros de baja altura y mayor grosor.

Para entender el valor universal de las fortificaciones del Caribe es imprescindible estudiar y comprender a sus dos figuras protagonistas: Tejeda y Bautista Antonelli. Las primeras fortificaciones del Caribe diseñadas por ellos durante las primeras décadas posteriores al descubrimiento forman en conjunto el Primer Plan Defensivo del Caribe, y quizá de América, construido por los españoles. Estas fortificaciones no fueron concebidas de manera aislada, sino que fueron el resultado de un cuidadoso estudio de los puertos clave, sus costas y geografía. Resultan en un plan de defensa que es producto del concepto y diseño de estos dos personajes, inmortalizados a través de las piedras y muros que las forman. Ellos son el maestre de campo Juan de Tejeda y el ingeniero militar Bautista Antonelli, a quienes más tarde sucederá la saga de los Antonelli, sobre todo las obras de su hijo, Juan Bautista, y de su sobrino, Cristóbal de Roda. Esas obras, tras cinco siglos enfrentando innumerables desafíos, siguen en pie, cual centinelas de piedra luchando por adaptarse a los retos de un mundo moderno.

Hoy en día el Caribe fortificado de Antonelli, reconocido en la Lista de Patrimonio Mundial de la UNESCO, está integrado por las fortificaciones de San Juan de Puerto Rico, junto con las de La Habana, Cartagena de Indias y Portobello–San Lorenzo en Panamá. El Castillo San Marcos en la Florida está en proceso de nominación para la lista tentativa de Estados Unidos. Todas ellas inscritas bajos diversos criterios de valor universal excepcional, como conjunto arquitectónico, de adaptación al contexto del Caribe de la evolución europea en arquitectura militar, etcétera. Pero ninguno figura en la lista bajo el criterio como producto de un genio creador.

Las fortificaciones del Caribe permanecieron a la sombra de reconocimiento de valor universal hasta la década de 1980, cuando las primeras fortificaciones del Caribe localizadas en Cuba, Puerto Rico, Colombia y Panamá son incluidas en la lista de Patrimonio Mundial de la UNESCO. Estos primeros conjuntos representaron el primer paso a la concienciación de los valores históricos, culturales y patrimoniales de las fortificaciones del Caribe español y al reconocimiento mundial de sus valores universales.

Hoy día se ha reconocido el valor universal por la UNESCO a las fortificaciones de la Costa Caribeña de Panamá: Portobelo-San Lorenzo, UNESCO 1980; La Habana Vieja y sus fortificaciones, Cuba, UNESCO 1982; La fortaleza y Sitio Histórico Nacional de San Juan,

Puerto Rico, UNESCO 1983; puerto, fortalezas y Conjunto Monumental de Cartagena, Colombia, UNESCO, 1984.

Posteriormente han sido incluidos en la Lista de Patrimonio de la Humanidad los sitios de Ciudad Colonial de Santo Domingo, República Dominicana, UNESCO 1990; San Pedro de la Roca, Santiago de Cuba, UNESCO 1997; Ciudad Histórica Fortificada de Campeche, México, UNESCO 1999.

Durante la década siguiente los reconocimientos, además de ampliar el listado de fortificaciones coloniales españoles, incluyen fortificaciones del Caribe francés e inglés, con lo cual también se reconoce el valor universal del legado de la herencia cultural de otras naciones europeas cuya presencia aún perdura en el Caribe; como muestra de ello destacan el Parque Histórico Nacional-La Citadel, Sans Souci, Ramírez, Haití, UNESCO 1982, y la fortaleza de Brimstone Hill, St. Kitts & Nevis, UNESCO 1999.

El ICOFORT considera de gran importancia continuar apoyando la tarea de profundizar en el significado universal de las fortificaciones del Caribe y con ello contribuir a un mejor entendimiento y apreciación de su patrimonio fortificado. Por lo que hoy en día existen iniciativas para estudios investigativos que consideramos

merecedoras de apoyo. Estos avances son de gran importancia para entender el valor universal de las fortificaciones del Caribe, y que el desarrollo de éstas va a la par con el desarrollo económico de la región en su conjunto. La fortificaciones del Caribe desempeñaron un papel protagónico en el desarrollo de la economía del área al ser su función principal la de proteger los puertos clave y con ello salvaguardar no solamente el comercio de los peligros constantes del corso, la piratería y el contrabando que plagaban la región. Bien lo describen Marichal y von Grafenstein: "Uno de los elementos de más singularidad de las colonias españolas de ultramar es que sostuvieron la mayor parte del peso del financiamiento del Imperio español, el más extenso del mundo durante los siglos XVI-XVIII y de su propia defensa";[10] ello por medio de las fortificaciones que protegían esos puertos clave de caer en manos del enemigo, quienes desde ellos hubieran podido tomar control del poder naval y causar graves trastornos al comercio.

La historiografía contemporánea existente sobre Bautista Antonelli queda protagonizada por estudios realizados de respetados historiadores, entre quienes resulta imprescindible mencionar: Eugenio Llaguno y Amirola (Noticias de los Arquitectos y Arquitectura de España desde su restauración, 1829); Diego Angulo Íñiguez (Bautista Antonelli, las fortificaciones americanas del siglo XVI, 1942), y Graziano Gasparini (Los Antonelli: arquitectos militares italianos al servicio de la corona española en España, África y América, 2007). Estas fuentes proporcionan datos importantes que nos permiten identificar la trayectoria de Bautista Antonelli en su rol de ingeniero militar por el Caribe, sus múltiples viajes y pormenores de las fortificaciones por él diseñadas.

Fueron ellos quienes primero alertaron que la presencia de enemigos de España en el Caribe añadía una nueva dimensión a los problemas defensivos de España.

La grandeza por haber sido reconocidas de valor universal por la UNESCO a un grupo de fortificaciones españolas que son parte integral de la obra de Antonelli se desluce al notar que entre los criterios reconocidos no se consideró el ser producto del Primer Plan Defensivo del Caribe bajo el criterio de representar una obra maestra del genio creativo humano. Es de interés de ICOFORT se considere

revisitar las nominaciones de forma tal que en ellas se reconozca como elemento de su valor universal la excepcionalidad de ser producto del legado de los Antonelli y que las mismas forman parte integral del Primer Plan Defensivo del Caribe. Ya se han expuesto adelantos de investigación sobre el tema en diferentes foros, entre ellos, la reunión del ICOFORT celebrada en La Habana, Cuba, en febrero del 2013, donde el ICOFORT se comprometió a apoyar la continuación del estudio de la obra de los Antonelli en América. En respuesta a ese compromiso adquirido, y tras la tarea de investigación auscultando manuscritos y mapas antiguos en diversos archivos y bibliotecas, se han podido identificar y verificar nuevos ángulos sobre la obra de los Antonelli en las fortificaciones del Caribe que esperamos poner a la disposición de todos en formato impreso. De igual forma, durante el Seminario Inaugural Fortalezas militares de Antonelli: siglos XVI-XVII —llevado a cabo en la fortaleza de los Medici, en Siena, Italia, el 29 de octubre de 2016—, se presentaron una serie de ponencias que analizan la familia, formación y evolución de los Antonelli.

También es de primordial interés para ICOFORT atender la necesidad de identificar correctamente aspectos excepcionales de fortificaciones del Caribe que han quedado un poco rezagados. Creemos importante se reconozca el Patrimonio Fortificado que existe a lo largo de la cadena de islas y Antillas Menores, son legado de las potencias europeas que mantuvieron lucha contra España por el objetivo común de poseer y retener los mismos puertos clave para controlar el comercio, navegación y poder en el Mar Caribe. El Caribe fortificado lo componen en igual medida un amplio número de fortificaciones de diversa escala, algunos ya reconocidos de valor universal, como los casos de las Brimstone Hill Fortresses, en St. Kitts y Nevis, y las Fortificaciones de Barbados y su Centro Histórico. Es importante mantener en perspectiva que la totalidad de los conjuntos del Caribe la componen aquellos que ya se han estudiado, pero también los que hoy se investigan y los que aún faltan por interpretar y valorizar: todos son piezas del enclavo caribeño de fortificaciones.

Por último, pero no por eso de menor importancia, enfatizo las iniciativas de incluir en el Proyecto de la UNESCO de la Ruta Transatlántica de los Esclavos a las fortificaciones del Caribe. Se trata de una historia que no ignora la participación de mano de obra de esclavos cautivos en lejanas tierras africanas y que a lo largo de tres siglos fueron mercadeados o destinados a trabajos forzosos en el Caribe, incluyendo las fortificaciones. El comercio transatlántico de esclavos fue la deportación más importante en la historia y un factor determinante en la economía mundial del siglo XVIII. Millones de africanos fueron arrancados de sus hogares, deportados hacia el Continente Americano y vendidos como esclavos.

Deseo concluir las breves páginas de este ensayo con unas notas de reflexión sobre la revalorización del Caribe fortificado.

El legado universal de las fortificaciones tanto españolas, como francesas, inglesas, holandesas y danesas está sin duda presente a través del legado de ingenieros militares que mediante su ingenio supieron aplicar la adaptación a la topografía y entorno del mar Caribe.

Existe una necesidad de salvaguardar y valorizar este imponente pero a la vez frágil patrimonio fortificado.

La historia del Caribe todavía guarda muchas lagunas, las cuales es necesario escudriñar en las fuentes bibliográficas para rescatar su verdad e interpretarla efectivamente.

La historia de las fortificaciones del Caribe comparte un relato de conquistas y defensa de territorios. Participa directa e indirectamente en la Ruta Trasatlántica de la Esclavitud en el Caribe que significó un movimiento migratorio forzoso sin precedentes que cambió y caracterizó la historia del Nuevo Mundo.

Sirvan pues estas breves líneas como llamado a continuar el diálogo iniciado en la Reunión del ICOFORT 2013 en La Habana, Cuba, para continuar las investigaciones históricas necesarias para una efectiva interpretación, puesta en valor, conservación y protección del Caribe fortificado.

Bibliografía

Abbad y Lasierra, fray Íñigo, Historia geográfica, civil y natural de la isla de San Juan Bautista de Puerto Rico, Río Piedras, Editorial Universitaria, 1979.

Alonso, María M. y Milagros Flores Román, El Caribe en el siglo XVIII y el ataque británico a Puerto Rico en 1797, San Juan, Publicaciones Puertorriqueñas, 1997.

Angulo Íñiguez, Diego, Bautista Antonelli y las fortificaciones americanas del siglo XVI (Discurso de ingreso del autor en la Real Academia de la Historia), Madrid, Hauser y Menet, 1942.

Calderón Quijano, José Antonio, Las Fortificaciones españolas en América y Filipinas, Madrid, MAPFRE, 1996.

Flores Román, Milagros, Luis Lugo Amador y José Cruz Arrigoitia, San Juan, ciudad de castillos y soldados, San Juan, Ediciones Puerto, 2009.

Marichal, Carlos y Johanna von Grafenstein, El secreto del imperio español: los situados coloniales en el siglo XVIII, México, Instituto Mora/El Colegio de México, 2012.

Zapatero, Juan Manuel, La guerra del Caribe en el siglo XVIII, San Juan, Instituto de Cultura Puertorriqueña, 1964.


[1] Para información adicional, ver la página web www.icofort.org.

[2] La lista completa de los comités científicos internacionales del ICOMOS puede verse en la página web www.icomos.org.

[3] Para información adicional, ver la página web www.icomos.org

[4] United Nations Educational, Scientific, and Cultural Organization. Un departamento de la Organización de Naciones Unidas.

[5] Los países representados por medio de la membresía del ICOFORT son: Estados Unidos, Puerto Rico, Portugal, Bélgica, Cuba, Isla Mauricio, Malta, Francia, España, República de Moldova, Noruega, Hungría, Inglaterra, Canadá, Venezuela, México, Colombia, Grecia, Alemania, Ucrania, Italia, Estonia, Corea del Sur, Suiza, Latvia, Brasil, Australia, Países Bajos, Polonia, Panamá, Escocia, República Dominicana, China, Uruguay, Paraguay, Argentina, Croacia, India, Bolivia y Chile. ICOFORT y la revalorización de las fortificaciones del Caribe.

[6] Para información adicional sobre las misiones del ICOFORT relacionadas con Patrimonio Mundial, ver los informes anuales publicados en www.icofort.org.

[7] Testamento de Antonelli, AHPM, 2989 (16).

[8] Las Islas de las Bahamas y las Islas de Bermuda, aunque resulte común que se les asocie con el Caribe por su cercanía, costumbres, clima, y sobre para todo para propósitos turísticos, no son parte del mar Caribe, sino del océano Atlántico.

[9] El capitán Bautista Antonelli era natural de Rímini, ciudad de la región de Emilia-Romaña en el norte de Italia. Testamento de Antonelli, AHPM, 2989 (16).

[10] Carlos Marichal y Johanna von Grafenstein, El secreto del Imperio español: Los situados coloniales en el siglo XVIII, 2012.